Casino Royale. Sabor agridulce
Llega una nueva era en la saga de James Bond. Esta nueva estapa tiene un nombre: Daniel Craig. Pese a las innumerables críticas que recibió la elección de este actor inglés para suceder a Pierce Brosnan, sin duda los productores dieron en la diana.
Casino Royale es un film de Bond con todo lo que conlleva: localizaciones exóticas, coches de lujo, mujeres despampanantes, trajes de marca, villanos con alguna tara física... Sin embargo, el aire nuevo que le han dado al personaje es suficiente para que nos demos cuenta que ésta no es como las demás.
Craig ha creado un Bond más bruto, más duro, más implacable. También mucho más fanfarrón y divertido cuando lo requiere. Lejos de los doscientos mil artilugios que usaban sus otros "hermanos mayores", este Bond resuelve a base de tiros y puñetazos. Más bruto, pero con menos "estilo".
Es muy loable el intento de los guionistas de dar un nuevo carácter al espía más famoso del cine. En Casino Royale, se profundiza en la personalidad de 007. En el film, comprenderemos ciertos hábitos y ciertos comportamientos de Bond en próximas entregas. Al ser una vuelta a los orígenes, nos cuentan cómo se convierte en agente 00, cómo descubre el martini con vodka, y por qué prefiere pasar de las relaciones estables, para tener una novia en cada puerto.
Si en 007 al servicio de su Majestad veíamos cómo Bond se enamoraba y llegaba a casarse, aquí vemos al Bond más humano. Se enamora de verdad de Vesper Lynd (Eva Green, que no hace de chica Bond al uso), es capaz de dejarlo todo por una mujer. Y, por raro que parezca, lo que puede ser una virtud para el personaje es lo que lastra la película. La historia de amor se alarga demasiado, y se vuelve un tanto tópica. Quizá se podía haber contado lo mismo en menos tiempo.
Son dos horas y media que se podían haber dejado fácilmente en dos. La trama está bien llevada, aunque en el fondo el argumento se limite a una partida de cartas (muy interesante). La historia es: un malvado, Le Chiffre (Mads Mikkelsen, perfecto en su papel), debe recuperar 100 millones de dólares que ha perdido. Para ello, organiza una partida de póker en el Casino Royale de Montenegro. El MI6 quiere impedirlo, ya que ese dinero es para financiar a terroristas, y Bond debe ganar esa partida, ya que es el mejor jugador de cartas de la Organización.
Lógicamente, el film no se reduce a eso y desde luego, las escenas de acción están muy conseguidas. La persecución incial con el "yamakasi", saltando por edificios y luchando en una grúa a 20 metros (o los que sean), está realmente conseguida y es espectacular. Las escenas de la partida consiguen crear mucha tensión y entretener pese a ser eso, jugar a las cartas. Atención al momento desfibrilador, o a una escena de tortura que es lo mejor de la película.
¿Y qué es lo que falta? Entre otras cosas, la historia da una sensación de que ha pasado menos de lo que debería. Cuando se encienden las luces, da la sensación de que falta algo, te deja un poco frío. Mi buen amigo Oso55, (webmaster de CineCutre, web en la que escribo con el nombre de Dimitri Hardcore) dice que el problema es el final. Puede ser eso. Pese a que han buscado un gran epsectáculo con Vencecia como escenario y un edifico derrumbándose, el final de la historia no está a la altura del resto del metraje y eso lastra el resultado final. Además, no han cerrado del todo la trama, han dejado algún cabo suelto que se deduce terminarán de atar en 2008.
La dirección merece un destacado en está crítica. Martin Campbell, quien ya dirigiera Goldeneye, hace un trabajo mucho más rotundo en ésta. Su dirección carece de efectismos baratos, apenas alguna cámara lenta en un moemto muy puntual. Visualmente es muy potente, y las escenas de acción están perfectamente contadas y ejecutadas. Te enteras perfectamente de lo que pasa, y no por ello se renuncia al espectáculo. Digo esto, porque parece que la moda de los nuevos directores que se creen que hay que reinventarlo todo, es mover la cámara sin sentido, abusar de cámara rápida, en definitiva, marear al espectador, y que la sala de montaje haga todo el trabajo. Se agradece que gente como Campbell sigan apostando por la sencillez sin renunciar a nada. Lee Tamahori, realizador de la anterior peli Bond, Muere otro día, una abominación que no había por dónde agarrar y llena de disparates; debería aprender un poco de cómo se dirige la acción.
James Bond ha vuelto, con nuevo look, pero con el mismo esmoquin, acompañado de nuevo de M (Judi Dench, soberbia como siempre, y con más peso en la trama), con sus chicas, su Aston Martin y su humor inglés. Faltan clásicos como Moneypenny, que seguro se han reservado para futuras entregas, pues recordemos de nuevo, este es un nuevo principio para la saga y queda mucho por ver.
En nuevo estilo promete, pero quizá el hecho de ser la primera de una nueva etapa merma el conjunto del film, ya que no es redondo y la historia está un poco desaprovechada. El romance entre Bond y Lynd le pesa demasiado al conjunto, y le sobra media hora larga que le hubiera hecho ganar en ritmo. Aún así, es un entretenimiento de primera, y Craig da una lección a todos aquellos que desconfiaron de sus aptitudes como actor. Tiene un físico que se sale del clásico 007, pero le da más personalidad que nunca. Por mucho que a algunos les joda él es Bond, James Bond, y por mí, que siga muchos años. Nota:6
Casino Royale es un film de Bond con todo lo que conlleva: localizaciones exóticas, coches de lujo, mujeres despampanantes, trajes de marca, villanos con alguna tara física... Sin embargo, el aire nuevo que le han dado al personaje es suficiente para que nos demos cuenta que ésta no es como las demás.
Craig ha creado un Bond más bruto, más duro, más implacable. También mucho más fanfarrón y divertido cuando lo requiere. Lejos de los doscientos mil artilugios que usaban sus otros "hermanos mayores", este Bond resuelve a base de tiros y puñetazos. Más bruto, pero con menos "estilo".
Es muy loable el intento de los guionistas de dar un nuevo carácter al espía más famoso del cine. En Casino Royale, se profundiza en la personalidad de 007. En el film, comprenderemos ciertos hábitos y ciertos comportamientos de Bond en próximas entregas. Al ser una vuelta a los orígenes, nos cuentan cómo se convierte en agente 00, cómo descubre el martini con vodka, y por qué prefiere pasar de las relaciones estables, para tener una novia en cada puerto.
Si en 007 al servicio de su Majestad veíamos cómo Bond se enamoraba y llegaba a casarse, aquí vemos al Bond más humano. Se enamora de verdad de Vesper Lynd (Eva Green, que no hace de chica Bond al uso), es capaz de dejarlo todo por una mujer. Y, por raro que parezca, lo que puede ser una virtud para el personaje es lo que lastra la película. La historia de amor se alarga demasiado, y se vuelve un tanto tópica. Quizá se podía haber contado lo mismo en menos tiempo.
Son dos horas y media que se podían haber dejado fácilmente en dos. La trama está bien llevada, aunque en el fondo el argumento se limite a una partida de cartas (muy interesante). La historia es: un malvado, Le Chiffre (Mads Mikkelsen, perfecto en su papel), debe recuperar 100 millones de dólares que ha perdido. Para ello, organiza una partida de póker en el Casino Royale de Montenegro. El MI6 quiere impedirlo, ya que ese dinero es para financiar a terroristas, y Bond debe ganar esa partida, ya que es el mejor jugador de cartas de la Organización.
Lógicamente, el film no se reduce a eso y desde luego, las escenas de acción están muy conseguidas. La persecución incial con el "yamakasi", saltando por edificios y luchando en una grúa a 20 metros (o los que sean), está realmente conseguida y es espectacular. Las escenas de la partida consiguen crear mucha tensión y entretener pese a ser eso, jugar a las cartas. Atención al momento desfibrilador, o a una escena de tortura que es lo mejor de la película.
¿Y qué es lo que falta? Entre otras cosas, la historia da una sensación de que ha pasado menos de lo que debería. Cuando se encienden las luces, da la sensación de que falta algo, te deja un poco frío. Mi buen amigo Oso55, (webmaster de CineCutre, web en la que escribo con el nombre de Dimitri Hardcore) dice que el problema es el final. Puede ser eso. Pese a que han buscado un gran epsectáculo con Vencecia como escenario y un edifico derrumbándose, el final de la historia no está a la altura del resto del metraje y eso lastra el resultado final. Además, no han cerrado del todo la trama, han dejado algún cabo suelto que se deduce terminarán de atar en 2008.
La dirección merece un destacado en está crítica. Martin Campbell, quien ya dirigiera Goldeneye, hace un trabajo mucho más rotundo en ésta. Su dirección carece de efectismos baratos, apenas alguna cámara lenta en un moemto muy puntual. Visualmente es muy potente, y las escenas de acción están perfectamente contadas y ejecutadas. Te enteras perfectamente de lo que pasa, y no por ello se renuncia al espectáculo. Digo esto, porque parece que la moda de los nuevos directores que se creen que hay que reinventarlo todo, es mover la cámara sin sentido, abusar de cámara rápida, en definitiva, marear al espectador, y que la sala de montaje haga todo el trabajo. Se agradece que gente como Campbell sigan apostando por la sencillez sin renunciar a nada. Lee Tamahori, realizador de la anterior peli Bond, Muere otro día, una abominación que no había por dónde agarrar y llena de disparates; debería aprender un poco de cómo se dirige la acción.
James Bond ha vuelto, con nuevo look, pero con el mismo esmoquin, acompañado de nuevo de M (Judi Dench, soberbia como siempre, y con más peso en la trama), con sus chicas, su Aston Martin y su humor inglés. Faltan clásicos como Moneypenny, que seguro se han reservado para futuras entregas, pues recordemos de nuevo, este es un nuevo principio para la saga y queda mucho por ver.
En nuevo estilo promete, pero quizá el hecho de ser la primera de una nueva etapa merma el conjunto del film, ya que no es redondo y la historia está un poco desaprovechada. El romance entre Bond y Lynd le pesa demasiado al conjunto, y le sobra media hora larga que le hubiera hecho ganar en ritmo. Aún así, es un entretenimiento de primera, y Craig da una lección a todos aquellos que desconfiaron de sus aptitudes como actor. Tiene un físico que se sale del clásico 007, pero le da más personalidad que nunca. Por mucho que a algunos les joda él es Bond, James Bond, y por mí, que siga muchos años. Nota:6

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