lunes, noviembre 27, 2006
domingo, noviembre 26, 2006
De libros y encuestas
Últimamente, Tyler tiene monopolizado el blog. Él va al cine con mayor frecuencia que yo, y en cuanto a las críticas de estrenos recientes tiene más que decir. Pero para que veáis que nos importan también otras cosas, voy a cambiar de tercio.
El otro día me regalaron un libro muy interesante que me apetecía recomendar a todos los amantes del séptimo arte. Se llama 1001 películas que hay que ver antes de morir, de la editorial Grijalbo, y coordinado por Steven Jay Schneider, aunque participan numerosos críticos y estudiosos cinematográficos.
Esta obra supone una enumeración extensa, con reseñas y pequeños comentarios incluidos, de las películas más importantes e influyentes que se han producido desde los inicios del siglo pasado. Filmes de todas las nacionalidades y colores, de todos los géneros habidos y por haber. Algunos nos suenan más y otros menos, pero todos ellos son destacados por motivos concretos.
Esta lista casi inacabable se inicia con la mítica Viaje a la luna, del francés George Melies (1902), la de la nave que aterriza dentro del ojo de nuestro satélite, y concluye en 2005 con El jardinero fiel. O sea que podéis ver que está actualizada, y cubre un margen temporal de más de 100 años.
De momento sólo lo he ojeado por encima, pero poco a poco iré leyéndolo con atención. Muchas películas las he visto ya, y otras no me suenan de nada. Pero lo bueno es que este minucioso libro nos llama la atención sobre filmes que merecen ser rescatados y descubiertos, así como de otros que conocemos pero que no nos habían llamado la atención en un principio. Es muy difícil llegar a ver algunos de estos títulos semidesconocidos; Dios sabe dónde debemos buscar. Lo mejor es recurrir a la Filmoteca o al DVD, aunque seguro que muchos no están editados. Y, por supuesto, con la televisión no podemos contar; no merece la pena esperar que programen cintas desconocidas para el gran público. Algunas de ellas son, además, muy antiguas.
1001 películas que hay que ver antes de morir incide en mi interés por acercarme a las películas consideradas como las más importantes en la Historia del Cine. Mi intención es conocer la actualidad, pero también remontarme a los inicios de esta disciplina, el dónde se gestó todo, y las repercusiones que determinados filmes han tenido en futuros proyectos.
Sobre este tema de las listas, ya en su día me llamó mucho la atención una encuesta que publicaron en el número de diciembre de 1999 en la revista Cinemanía, en la que numerosos medios e instituciones especializadas, españoles y extranjeros, enumeraban Las 100 mejores películas del siglo XX.
Esta relación de títulos estaba encabezada, como es costumbre en este caso, por la legendaria Ciudadano Kane, la ópera prima de Orson Welles (1941). A ésta le seguían La regla del juego, de Jean Renoir (1939); El acorazado Potemkin (Sergei Mijailovich Eisenstein, 1925); Centauros del desierto (John Ford, 1956), y La pasión de Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer, 1928).
Esta lista centenaria incluía títulos hiper conocidos para todos, como Casablanca, Lo que el viento se llevó, El padrino, 2001: Una odisea del espacio, Los siete samuráis, Con faldas y a lo loco... Y se cerraba en el puesto 100 con La parada de los monstruos, de Tod Browning (1932), una película extraordinaria sobre el horror y la compasión.
Algunas curiosidades de la encuesta: los dos directores con mayor número de títulos entre los votados eran Charles Chaplin (concretamente, aparecían La quimera del oro, Luces de la ciudad, Tiempos modernos y Monsieur Verdoux) y Alfred Hitchcock (con Vértigo, Con la muerte en los talones, mi amada Psicosis y 39 escalones, por este orden).
Con tres obras entre las elegidas estaban nombres importantes del séptimo arte como Welles (con la citada Kane, El cuarto mandamiento y Sed de mal), John Ford (Centauros, Pasión de los fuertes y La diligencia), Ingmar Bergman (El séptimo sello, Fresas salvajes y Persona), Michael Powell y Emeric Pressburger (Las zapatillas rojas, Orfeo negro y A vida o muerte), David Lean (Breve encuentro, Lawrence de Arabia y Cadenas rotas), Federico Fellini (Ocho y medio, Amarcord y La strada), Billy Wilder (Con faldas, Perdición y El crepúsculo de los dioses) o Francis Ford Coppola (El padrino I y II, y Apocalypse now).
Entre las ausencias más llamativas, figuran títulos que hoy gozan de mucha fama, como El apartamento o El buscavidas, y entre las seleccionadas no había ninguna película de Woody Allen ni de Clint Eastwood.
El filme de producción más reciente incluido en la lista era, precisamente, La lista de Schindler (1993), del señorito Spielberg.
Las representantes españolas eran tres: Un perro andaluz y Viridiana, de Luis Buñuel, y El espíritu de la colmena, de Víctor Erice.
Lo dicho, 100 películas en total elegidas por los especialistas. Entre estos, miembros de publicaciones relevantes como Cahiers du Cinema, Tiempo (de Italia) o The Critics Film Guide (E.E.U.U.). También participaron en la votación asociaciones como la Film Comment inglesa, la Asociación Francesa de Críticos, la Broadcast Information y el Instituto de Cine Británico.
De momento, he disfrutado, y a veces padecido, 56 títulos del centenar que componen la terna de películas. Intentaré ver las restantes antes de morir, porque lo de las 1001 va a ser más complicado.
Si tenéis alguna curiosidad sobre algún aspecto de la lista, podéis preguntar.
El otro día me regalaron un libro muy interesante que me apetecía recomendar a todos los amantes del séptimo arte. Se llama 1001 películas que hay que ver antes de morir, de la editorial Grijalbo, y coordinado por Steven Jay Schneider, aunque participan numerosos críticos y estudiosos cinematográficos.
Esta obra supone una enumeración extensa, con reseñas y pequeños comentarios incluidos, de las películas más importantes e influyentes que se han producido desde los inicios del siglo pasado. Filmes de todas las nacionalidades y colores, de todos los géneros habidos y por haber. Algunos nos suenan más y otros menos, pero todos ellos son destacados por motivos concretos.
Esta lista casi inacabable se inicia con la mítica Viaje a la luna, del francés George Melies (1902), la de la nave que aterriza dentro del ojo de nuestro satélite, y concluye en 2005 con El jardinero fiel. O sea que podéis ver que está actualizada, y cubre un margen temporal de más de 100 años.
De momento sólo lo he ojeado por encima, pero poco a poco iré leyéndolo con atención. Muchas películas las he visto ya, y otras no me suenan de nada. Pero lo bueno es que este minucioso libro nos llama la atención sobre filmes que merecen ser rescatados y descubiertos, así como de otros que conocemos pero que no nos habían llamado la atención en un principio. Es muy difícil llegar a ver algunos de estos títulos semidesconocidos; Dios sabe dónde debemos buscar. Lo mejor es recurrir a la Filmoteca o al DVD, aunque seguro que muchos no están editados. Y, por supuesto, con la televisión no podemos contar; no merece la pena esperar que programen cintas desconocidas para el gran público. Algunas de ellas son, además, muy antiguas.
1001 películas que hay que ver antes de morir incide en mi interés por acercarme a las películas consideradas como las más importantes en la Historia del Cine. Mi intención es conocer la actualidad, pero también remontarme a los inicios de esta disciplina, el dónde se gestó todo, y las repercusiones que determinados filmes han tenido en futuros proyectos.
Sobre este tema de las listas, ya en su día me llamó mucho la atención una encuesta que publicaron en el número de diciembre de 1999 en la revista Cinemanía, en la que numerosos medios e instituciones especializadas, españoles y extranjeros, enumeraban Las 100 mejores películas del siglo XX.
Esta relación de títulos estaba encabezada, como es costumbre en este caso, por la legendaria Ciudadano Kane, la ópera prima de Orson Welles (1941). A ésta le seguían La regla del juego, de Jean Renoir (1939); El acorazado Potemkin (Sergei Mijailovich Eisenstein, 1925); Centauros del desierto (John Ford, 1956), y La pasión de Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer, 1928).
Esta lista centenaria incluía títulos hiper conocidos para todos, como Casablanca, Lo que el viento se llevó, El padrino, 2001: Una odisea del espacio, Los siete samuráis, Con faldas y a lo loco... Y se cerraba en el puesto 100 con La parada de los monstruos, de Tod Browning (1932), una película extraordinaria sobre el horror y la compasión.
Algunas curiosidades de la encuesta: los dos directores con mayor número de títulos entre los votados eran Charles Chaplin (concretamente, aparecían La quimera del oro, Luces de la ciudad, Tiempos modernos y Monsieur Verdoux) y Alfred Hitchcock (con Vértigo, Con la muerte en los talones, mi amada Psicosis y 39 escalones, por este orden).
Con tres obras entre las elegidas estaban nombres importantes del séptimo arte como Welles (con la citada Kane, El cuarto mandamiento y Sed de mal), John Ford (Centauros, Pasión de los fuertes y La diligencia), Ingmar Bergman (El séptimo sello, Fresas salvajes y Persona), Michael Powell y Emeric Pressburger (Las zapatillas rojas, Orfeo negro y A vida o muerte), David Lean (Breve encuentro, Lawrence de Arabia y Cadenas rotas), Federico Fellini (Ocho y medio, Amarcord y La strada), Billy Wilder (Con faldas, Perdición y El crepúsculo de los dioses) o Francis Ford Coppola (El padrino I y II, y Apocalypse now).
Entre las ausencias más llamativas, figuran títulos que hoy gozan de mucha fama, como El apartamento o El buscavidas, y entre las seleccionadas no había ninguna película de Woody Allen ni de Clint Eastwood.
El filme de producción más reciente incluido en la lista era, precisamente, La lista de Schindler (1993), del señorito Spielberg.
Las representantes españolas eran tres: Un perro andaluz y Viridiana, de Luis Buñuel, y El espíritu de la colmena, de Víctor Erice.
Lo dicho, 100 películas en total elegidas por los especialistas. Entre estos, miembros de publicaciones relevantes como Cahiers du Cinema, Tiempo (de Italia) o The Critics Film Guide (E.E.U.U.). También participaron en la votación asociaciones como la Film Comment inglesa, la Asociación Francesa de Críticos, la Broadcast Information y el Instituto de Cine Británico.
De momento, he disfrutado, y a veces padecido, 56 títulos del centenar que componen la terna de películas. Intentaré ver las restantes antes de morir, porque lo de las 1001 va a ser más complicado.
Si tenéis alguna curiosidad sobre algún aspecto de la lista, podéis preguntar.
sábado, noviembre 25, 2006
Casino Royale. Sabor agridulce
Llega una nueva era en la saga de James Bond. Esta nueva estapa tiene un nombre: Daniel Craig. Pese a las innumerables críticas que recibió la elección de este actor inglés para suceder a Pierce Brosnan, sin duda los productores dieron en la diana.
Casino Royale es un film de Bond con todo lo que conlleva: localizaciones exóticas, coches de lujo, mujeres despampanantes, trajes de marca, villanos con alguna tara física... Sin embargo, el aire nuevo que le han dado al personaje es suficiente para que nos demos cuenta que ésta no es como las demás.
Craig ha creado un Bond más bruto, más duro, más implacable. También mucho más fanfarrón y divertido cuando lo requiere. Lejos de los doscientos mil artilugios que usaban sus otros "hermanos mayores", este Bond resuelve a base de tiros y puñetazos. Más bruto, pero con menos "estilo".
Es muy loable el intento de los guionistas de dar un nuevo carácter al espía más famoso del cine. En Casino Royale, se profundiza en la personalidad de 007. En el film, comprenderemos ciertos hábitos y ciertos comportamientos de Bond en próximas entregas. Al ser una vuelta a los orígenes, nos cuentan cómo se convierte en agente 00, cómo descubre el martini con vodka, y por qué prefiere pasar de las relaciones estables, para tener una novia en cada puerto.
Si en 007 al servicio de su Majestad veíamos cómo Bond se enamoraba y llegaba a casarse, aquí vemos al Bond más humano. Se enamora de verdad de Vesper Lynd (Eva Green, que no hace de chica Bond al uso), es capaz de dejarlo todo por una mujer. Y, por raro que parezca, lo que puede ser una virtud para el personaje es lo que lastra la película. La historia de amor se alarga demasiado, y se vuelve un tanto tópica. Quizá se podía haber contado lo mismo en menos tiempo.
Son dos horas y media que se podían haber dejado fácilmente en dos. La trama está bien llevada, aunque en el fondo el argumento se limite a una partida de cartas (muy interesante). La historia es: un malvado, Le Chiffre (Mads Mikkelsen, perfecto en su papel), debe recuperar 100 millones de dólares que ha perdido. Para ello, organiza una partida de póker en el Casino Royale de Montenegro. El MI6 quiere impedirlo, ya que ese dinero es para financiar a terroristas, y Bond debe ganar esa partida, ya que es el mejor jugador de cartas de la Organización.
Lógicamente, el film no se reduce a eso y desde luego, las escenas de acción están muy conseguidas. La persecución incial con el "yamakasi", saltando por edificios y luchando en una grúa a 20 metros (o los que sean), está realmente conseguida y es espectacular. Las escenas de la partida consiguen crear mucha tensión y entretener pese a ser eso, jugar a las cartas. Atención al momento desfibrilador, o a una escena de tortura que es lo mejor de la película.
¿Y qué es lo que falta? Entre otras cosas, la historia da una sensación de que ha pasado menos de lo que debería. Cuando se encienden las luces, da la sensación de que falta algo, te deja un poco frío. Mi buen amigo Oso55, (webmaster de CineCutre, web en la que escribo con el nombre de Dimitri Hardcore) dice que el problema es el final. Puede ser eso. Pese a que han buscado un gran epsectáculo con Vencecia como escenario y un edifico derrumbándose, el final de la historia no está a la altura del resto del metraje y eso lastra el resultado final. Además, no han cerrado del todo la trama, han dejado algún cabo suelto que se deduce terminarán de atar en 2008.
La dirección merece un destacado en está crítica. Martin Campbell, quien ya dirigiera Goldeneye, hace un trabajo mucho más rotundo en ésta. Su dirección carece de efectismos baratos, apenas alguna cámara lenta en un moemto muy puntual. Visualmente es muy potente, y las escenas de acción están perfectamente contadas y ejecutadas. Te enteras perfectamente de lo que pasa, y no por ello se renuncia al espectáculo. Digo esto, porque parece que la moda de los nuevos directores que se creen que hay que reinventarlo todo, es mover la cámara sin sentido, abusar de cámara rápida, en definitiva, marear al espectador, y que la sala de montaje haga todo el trabajo. Se agradece que gente como Campbell sigan apostando por la sencillez sin renunciar a nada. Lee Tamahori, realizador de la anterior peli Bond, Muere otro día, una abominación que no había por dónde agarrar y llena de disparates; debería aprender un poco de cómo se dirige la acción.
James Bond ha vuelto, con nuevo look, pero con el mismo esmoquin, acompañado de nuevo de M (Judi Dench, soberbia como siempre, y con más peso en la trama), con sus chicas, su Aston Martin y su humor inglés. Faltan clásicos como Moneypenny, que seguro se han reservado para futuras entregas, pues recordemos de nuevo, este es un nuevo principio para la saga y queda mucho por ver.
En nuevo estilo promete, pero quizá el hecho de ser la primera de una nueva etapa merma el conjunto del film, ya que no es redondo y la historia está un poco desaprovechada. El romance entre Bond y Lynd le pesa demasiado al conjunto, y le sobra media hora larga que le hubiera hecho ganar en ritmo. Aún así, es un entretenimiento de primera, y Craig da una lección a todos aquellos que desconfiaron de sus aptitudes como actor. Tiene un físico que se sale del clásico 007, pero le da más personalidad que nunca. Por mucho que a algunos les joda él es Bond, James Bond, y por mí, que siga muchos años. Nota:6
Casino Royale es un film de Bond con todo lo que conlleva: localizaciones exóticas, coches de lujo, mujeres despampanantes, trajes de marca, villanos con alguna tara física... Sin embargo, el aire nuevo que le han dado al personaje es suficiente para que nos demos cuenta que ésta no es como las demás.
Craig ha creado un Bond más bruto, más duro, más implacable. También mucho más fanfarrón y divertido cuando lo requiere. Lejos de los doscientos mil artilugios que usaban sus otros "hermanos mayores", este Bond resuelve a base de tiros y puñetazos. Más bruto, pero con menos "estilo".
Es muy loable el intento de los guionistas de dar un nuevo carácter al espía más famoso del cine. En Casino Royale, se profundiza en la personalidad de 007. En el film, comprenderemos ciertos hábitos y ciertos comportamientos de Bond en próximas entregas. Al ser una vuelta a los orígenes, nos cuentan cómo se convierte en agente 00, cómo descubre el martini con vodka, y por qué prefiere pasar de las relaciones estables, para tener una novia en cada puerto.
Si en 007 al servicio de su Majestad veíamos cómo Bond se enamoraba y llegaba a casarse, aquí vemos al Bond más humano. Se enamora de verdad de Vesper Lynd (Eva Green, que no hace de chica Bond al uso), es capaz de dejarlo todo por una mujer. Y, por raro que parezca, lo que puede ser una virtud para el personaje es lo que lastra la película. La historia de amor se alarga demasiado, y se vuelve un tanto tópica. Quizá se podía haber contado lo mismo en menos tiempo.
Son dos horas y media que se podían haber dejado fácilmente en dos. La trama está bien llevada, aunque en el fondo el argumento se limite a una partida de cartas (muy interesante). La historia es: un malvado, Le Chiffre (Mads Mikkelsen, perfecto en su papel), debe recuperar 100 millones de dólares que ha perdido. Para ello, organiza una partida de póker en el Casino Royale de Montenegro. El MI6 quiere impedirlo, ya que ese dinero es para financiar a terroristas, y Bond debe ganar esa partida, ya que es el mejor jugador de cartas de la Organización.
Lógicamente, el film no se reduce a eso y desde luego, las escenas de acción están muy conseguidas. La persecución incial con el "yamakasi", saltando por edificios y luchando en una grúa a 20 metros (o los que sean), está realmente conseguida y es espectacular. Las escenas de la partida consiguen crear mucha tensión y entretener pese a ser eso, jugar a las cartas. Atención al momento desfibrilador, o a una escena de tortura que es lo mejor de la película.
¿Y qué es lo que falta? Entre otras cosas, la historia da una sensación de que ha pasado menos de lo que debería. Cuando se encienden las luces, da la sensación de que falta algo, te deja un poco frío. Mi buen amigo Oso55, (webmaster de CineCutre, web en la que escribo con el nombre de Dimitri Hardcore) dice que el problema es el final. Puede ser eso. Pese a que han buscado un gran epsectáculo con Vencecia como escenario y un edifico derrumbándose, el final de la historia no está a la altura del resto del metraje y eso lastra el resultado final. Además, no han cerrado del todo la trama, han dejado algún cabo suelto que se deduce terminarán de atar en 2008.
La dirección merece un destacado en está crítica. Martin Campbell, quien ya dirigiera Goldeneye, hace un trabajo mucho más rotundo en ésta. Su dirección carece de efectismos baratos, apenas alguna cámara lenta en un moemto muy puntual. Visualmente es muy potente, y las escenas de acción están perfectamente contadas y ejecutadas. Te enteras perfectamente de lo que pasa, y no por ello se renuncia al espectáculo. Digo esto, porque parece que la moda de los nuevos directores que se creen que hay que reinventarlo todo, es mover la cámara sin sentido, abusar de cámara rápida, en definitiva, marear al espectador, y que la sala de montaje haga todo el trabajo. Se agradece que gente como Campbell sigan apostando por la sencillez sin renunciar a nada. Lee Tamahori, realizador de la anterior peli Bond, Muere otro día, una abominación que no había por dónde agarrar y llena de disparates; debería aprender un poco de cómo se dirige la acción.
James Bond ha vuelto, con nuevo look, pero con el mismo esmoquin, acompañado de nuevo de M (Judi Dench, soberbia como siempre, y con más peso en la trama), con sus chicas, su Aston Martin y su humor inglés. Faltan clásicos como Moneypenny, que seguro se han reservado para futuras entregas, pues recordemos de nuevo, este es un nuevo principio para la saga y queda mucho por ver.
En nuevo estilo promete, pero quizá el hecho de ser la primera de una nueva etapa merma el conjunto del film, ya que no es redondo y la historia está un poco desaprovechada. El romance entre Bond y Lynd le pesa demasiado al conjunto, y le sobra media hora larga que le hubiera hecho ganar en ritmo. Aún así, es un entretenimiento de primera, y Craig da una lección a todos aquellos que desconfiaron de sus aptitudes como actor. Tiene un físico que se sale del clásico 007, pero le da más personalidad que nunca. Por mucho que a algunos les joda él es Bond, James Bond, y por mí, que siga muchos años. Nota:6
viernes, noviembre 24, 2006
Saw III. Una mierda con mucho tomate

¿Qué pasa si metemos en una coctelera a un director nefasto, un guionista narcotizado, un grupo de actores horrendos y truculencia chusca? Sí, lo han adivinado, que nos sale Saw III, la tercera de esta saga de thrillers, que no sólo no ha renovado el género sino que lo ha devaluado.
¿Y para qué coño te metes si no te gustaron las dos anteriores? Buena pregunta, el caso es que pese a ser unos bodrios de aúpa, entretienen. Pero si ya las dos anteriores partes hacían muestras de un guión desfasado, macabro y rebuscado hasta cotas insospechadas, esta tercera roza lo absurdo: no hay por dónde cogerla.
Recuerdo cuando Saw apareció en los cines, allá por principios de 2005. "Es la nueva Seven", "el thriller del siglo XXI", había leído. Claro, yo que soy un fan empedernido de Seven y de El silencio de los corderos, tenía que ver ese film dispuesto a competir con esos clásicos contemporáneos.
Para mi sorpresa, encontré una odea original sí, (dos tíos encerrados en una habitación sin conexión aparente, que deben luchar por su vida ante un despiadado asesino en serie que les va poniendo a prueba), pero lo que ví fue una película con giros argumentales sin pies ni cabeza, y sobre todo con una dirección videoclipera y un montaje frenético que jodía todo la trama y el ritmo.
Esta Saw III tiene al guionista habitual Leigh Whannell, al director de la segunda, Darren Lynn Bousman (que sustituyó a James Wan) y de nuevo, vemos las correrías de un Puzzle terminal, que eso sí, sigue siendo omnipotente y omnipresente. Maneja el tiempo a voluntad, la física y todas las leyes que rigen el mundo, que se las pasa por el forro.
Este cierre temporal de la saga, comienza ligado a la anterior cinta, por lo que si te estás pensando el ir a verla (cosa que dudo), te recomiendo echarle un vistazo a su predecesora aunque sólo sea para ponerte en situación en la trama.
Como el argumento es surrealista, barato y tan sumamente intrincado e imprevisible, paso de escribir nada sobre él. Sólo diré, que Puzzle, el tierno asesino, secuestra a una doctora a la que obliga a mantenerle con vida (recordemos que Puzzle sufre un tumor cerebral que lo tiene en las últimas). La doctora lleva un collar con unas pistolas alrededor del cuello, que se accionarán si el corazón de Puzzle deja de latir... Acojonante.
Pero, en cualquier caso, vamos con lo que es el"sello de distinción" de esta trilogía. Las muertes salvajes y rebuscadas. Esta tercera tenía un halo de morbo, después de las noticias de los desmayos en Inglaterra, su restricción en Francia a los mayores de 18, vómitos y demás chorradas. Pamplinas. Esta película no tiene, repito, no tiene, nada más duro, más gore o más truculento que las dos anteriores. Además, joder, si vas a ver Saw III, se deduce que has visto sus predecesoras, ¿de qué se escandaliza la gente? Si vomitaste con la tercera, ¿por qué no con la segunda?
A mí sin duda, me produjo más canguelo la escena de Saw II en la que deben buscar una llave en un agujero lleno de jeringuillas; que una chica congelada, o un tipo al que le van retorciendo las articulaciones.
Y otra cosa, ¿si ya sabes que es mala, por qué te vas de la sala? Eso me pasó cuando la ví. Tres personas se fueron, posiblemente indignadas. Per a ver merluzos, ¿no habéis visto las dos anteriores? ¿qué tiene está que no tengan las otras? En la misma mierda, el que paga sabe a lo que se expone.
Este film es un "todo vale", donde sólo importan los imaginativos crímenes, donde sorprender al espectador es la premisa básica, a cambio de sacrificar el guión. En ningún momento te identificas con los "buenos" o con las pobres víctimas, no hay tensión, no hay emoción, el caso es ver por dónde saldrá el argumento.
La expectación la genera el hecho de "a ver qué coño pasa al final" y es que desde luego, si en algo supera ésta a las anteriores Saw es que el final es aún peor y menos creíble. Un bodrio de altura, con mucha sangre, pero con ninguna neurona. Así sale lo que sale. Nota:4 Porque a pesar de todo te entretiene.
Estrenos del 24 de noviembre. Bond ha vuelto

Una semana más, volvemos con lo más destacado que podréis encontrar en las carteleras. El número 1 de taquilla que ocupa Saw 3 (infecta película de la que escribiré en breve), será desbancada por el regreso del agente secreto más mítico del cine.
Casino Royale: Vuelve Bond, James Bond, el agente 007, más renovado que nunca. Tras Pierce Brosnan, su sustituto ha sido Daniel Craig (Munich, Camino a la Perdición) no sin generar toneladas de polémica.
La que es la cinta número 21 de la saga, retoma los orígenes del espía de la mano de Martin Campbell, quien en su día dirigiera Goldeneye. Escenas espectaculares, persecuciones y tiros, en un Bond con otro estilo, más duro, más vulnerable y sin tanto "juguetito" de alta tecnología. En el guión ha participado Paul Haggis, autor del de Million Dollar Baby y director de la oscarizada Crash.
Lo cierto es que la elección de Daniel Craig, después de un sinfín de rumores donde se mencionó a gente como Clive Owen, Hugh Jackman o incluso Rupert Everett; no ha gustado a los incondicionales de la saga. Se le acusa de ser rubio, de no dar el "perfil" e incluso se pidió el boicot contra el film. Sin haberla visto, Craig no parece una mala elección, y parece que ha gustado bastante en el papel. Guste o no, volverá a ser 007 allá por el 2008. Mejor acostumbrarse.
Como buena película de Bond, no podían faltar las "jamonas" o "chicas Bond". Eva Green (Soñadores), es la mujer por la que el hombre del martini con vodka perderá la cabeza. Caterina Murino también peleará por el amor de James, aun estando casada con el malvado de la trama, Le Chiffre, interpretado por el casi desconocido Mads Mikkelsen.
El Perfume. Historia de un asesino: Tom Tykwer, realizador de la original Corre, Lola, Corre adapta la novela homónima de Patrick Süskind.
En el sur de Francia, en pleno siglo XVIII, un hombre con un increíble sentido del olfato, pero que no puede producir olor, aterroriza a la población debido a sus macabros asesinatos de mujeres, a las que "robará" el olor para hacer el perfume perfecto.
Dustin Hoffman, Alan Rickman y Rachel Hurd-Wood, acompañan a Ben Whishaw, que encarna a Jean-Baptiste Grenouille, el mencionado asesino. Una producción europea con sabor a Hollywood. No en vano, se han dejado 60 millones de euros.
El Gran Silencio: Sin duda, una de las producciones más insólitas del año (y puede que de la década). Philip Gröning, director alemán, convivió con los monjes de un monasterio cartujo durante seis meses, en los que, a parte de realizar las tareas diarias, se dedicaba a filmar un documental sobre su día a día. Nada de artificos, ni de música ni de efectos de luz o de sonido, la cámara como testigo de la vida de estos monjes y punto.
Son 164 minutos donde lo que importa es lo que se ve, y más lo que se oye, que es más bien poco, pero he ahí la gracia: cómo el silencio de estos hombres es un personaje más de este documental, que ha triunfado en sitios como Sundance. A tener en cuenta.
El camino de San Diego: Maradona es en Argentina (y fuera también), prácticamente un dios, alguien que trascinede el fútbol y su fama, y pasa a ser algo más. Maradona es noticia incluso cuandono no hay noticia. Por eso, el realizador Carlos Sorín, narra la historia de un hombre, Tati Benítez, fanático del Diego, que tras enterarse de que éste yace en el hospital aquejado de una dolencia cardiaca, no dudará en emprender un viaje para entregarle una talla de madera con su aspecto. La película pasó por la Sección Oficial del festival de San Sebastián.
miércoles, noviembre 22, 2006
R.I.P.: Robert Altman

El pasado lunes falleció en Los Angeles, a los 81 años de edad, el realizador norteamericano Robert Altman, cinco veces nominado al Oscar al mejor director por M.A.S.H., Nashville, El juego de Hollywood, Vidas Cruzadas y Gosford Park. Aunque nunca logró el premio, el año pasado se le concedió el Oscar honorífico por toda su carrera tras la cámara, estatuilla que recibió de manos de Meryl Streep y Lili Tomlin, en un estado de salud ya demasiado delicado.
Altman fue un cineasta casi siempre bien tratado por la crítica, con mucha reputación entre los actores y muy influyente en el trabajo de otros compañeros de profesión, como por ejemplo Paul Thomas Anderson, autor de Boogie nights y Magnolia.
Nunca fue visto con buenos ojos por parte de Hollywood. Sus temas más comunes fueron la crítica política y social, siempre buscando una segunda lectura acerca de la realidad, y sobre todo un amplio compendio de sensaciones, mentiras y verdades sobre las relaciones humanas.
Entre sus obras, además de las ya citadas, se encuentran: Los vividores, Un largo adiós, Tres mujeres, Popeye, Pret-a-porter, Kansas City, Cookie´s fortune, Conflicto de intereses y El Dr. T y las mujeres.
Su filme póstumo, A prairie home companion, podrá verse próximamente en nuestras pantallas. En su reparto figuran Meryl Streep, Tommy Lee Jones, Woody Harrelson, Virginia Madsen, Kevin Kline, Lili Tomlin, Lindsay Lohan y John C. Reilly.
El grupo de actores que componen esta película es una muestra de la capacidad que tenía Altman para rodearse de nombres ilustres, a los que siempre les complacía trabajar con este cascarrabias transgresor.
domingo, noviembre 19, 2006
Borat. Un original desfase

El viernes, se estrenó en España la comedia revelación en Estados Undios, Borat. Su protagonista es Sacha Baron Cohen, cómico inglés que tiene varios personajes de su cosecha como el que nos ocupa, o el aberrante Ali G.
Me picaba la curiosidad con este film. Presentado a modo de documental (falso, aunque a veces te queda la duda), narra las aventuras de Borat, un periodista (o algo así) de Kazajistán, que decide viajar a Estados Unidos para empaparse de la cultura americana con el fin de mejorar su país.
En USA está siendo el furor. Y pese a que su humor es bastante bruto, zafio y barriobajero, no sólo el público sale entusiasmado, sino que la crítica ha salido cautivada. En Metacritic.com, web que hace la media de las notas de las películas en los distintos periódicos y revistas, la media es de 89 sobre 100. Para que el lector se haga una idea, una película como Banderas de nuestros padres de Clint Eastwood, tiene una valoración de 78.
Borat es una crítica feroz contra la cultura norteamericana, las minorías sociales, las religiones... no deja títere con cabeza. Kazajistán tampoco sale muy bien parado: se presenta como un país absolutamente sucio y empobrecido, donde los coches funcionan tirados por dos mulas. Sin duda, es una exageración, pero claro, los kazajos no han tardado en atacar la película debido a la imagen que se muestra de ellos.
El film se centra en el choque de culturas. Cómo un kazajo se tiene que empapar de las costumbres estadounidenses. Por ejemplo, Borat saluda a los hombres dándoles dos besos, lo que en USA no está muy bien visto, y no dudarán en amenazarle con darle una paliza si continúa con su peculiar saludo.
Borat es un ser misógino, antisemita y sin modales, que deberá lidiar con la alta sociedad, con grupos feministas, con judíos acogedores (en una escena realmente gloriosa), con predicadores católicos, con raperos de gueto; donde absorberá un poquito de todos.
Por ejemplo, irá a un concesionario a pedir "el mejor coche con el que atropellar a una familia gitana", y el vendedor no dudará en recomendarle el Hummer por su robustez. Ya os hacéis una idea de lo que va la película.
Borat, va acompañado de su obeso productor, con el que protagonizará la escena más asquerosa, salvaje y vomitiva de los últimos tiempos. No quiero contar nada, pero del asco pasas al ataque de risa, debido a que la escenita se alarga hasta tal punto que no puedes parar. En serio, ver a dos hombres desnudos pelearse... bueno me callo.
El mayor acierto de este film, es la sensación de documental, lo que le da realismo a lo que vemos. Muchas veces, no sabremos si las situaciones son reales o no. Yo aún tengo la duda en algunos momentos.
En fin, una comedia original y distinta, muy bruta y no apta para todos los gustos, pero con la que sales contento, porque da lo que promete, ni más ni menos. Nota:7
Como es dificil de explicar, os dejo con este vídeo y así juzgáis por vosotros mismos:
viernes, noviembre 17, 2006
Misión:Imposible III. A la tercera va la vencida

El pasado miércoles 8 de noviembre, acudí raudo y veloz al Fnac de Callao en Madrid, para adquirir en DVD, la que para mí es una de las pelis del año: Misión:Imposible:III (a partir de ahora M:I:III).
Esta saga, protagonizada y producida por Tom Cruise (ahora de actualidad debido a su multitudinaria boda), me encandiló desde que en 1996 ví la primera parte, dirigida por Brian de Palma.
Cine de espías en estado puro, acción de la buena, tensión, thriller... Misión:Imposible tenía todos los elementos necesarios para triunfar. No era un simple entretenimiento, sino una más que notable película de espionaje y aventuras.
En 2000 apareción la segunda parte, hoy odiada por la mayoría de personas con criterio. Cruise se equivocó apostando por el realizador hongkonés John Woo, autor de "peliculones" tales como Blanco Humano, Broken Arrow o Cara a Cara. El estilo de Woo es acción de diseño y coreografías a tutiplén, cargado de una pretenciosidad y un estilo ciertamente irritantes. Del guión paso, gracias. Diálogos absurdos, situaciones surrealistas y palomas mesiánicas acabaron con el buen nombre de su predecesora. Más que un film de acción, aquello era una comedia con muchos tiros y patadas imposibles con estética Matrix. Sorprendentemente, funcionó a las mil maravillas en la taquilla, sobrepasando los 200 millones de dólares en USA, y batiendo récord de recaudación en el primer fin de semana por aquel mayo del ya lejano año 2000. Sin duda, la calidad de la primera entrega arrastró al público que salió más que decepcionado.
Pero he aquí que este 2006 la tercera parte se estenó sorprendiendo a todo aquel que se acercó hasta el cine. Cruise confío en J.J. Abrams, creador de series de culto como Alias o Lost (dirigió ambos pilotos), que se estrenaba como realizador en un largometraje.
Tras el mal sabor de boca de la segunda parte, el escepticismo era máximo. Los trailers, no aportaban demasiado y pese a que muchos nos mordíamos las uñas epserando el estreno, muchos desconfiaban de la calidad de ésta, con sospechoso parecido al "estilo" de John Woo.
Pero nada más lejos de la realidad. Abrams (que firma el guión junto con Alex Kurtzman y Roberto Orci), da un nuevo sentido a la palabra acción. Su película es sencillamente soberbia, tanto desde el punto de vista visual como narrativo.
M:I:III es lo que debería haber sido la segunda. Un cambio de registro respecto a la de De Palma, incidiendo en la acción, pero sin descuidar el guión y dándole una trama acorde con lo que debe ser una cinta de espías.
Durante dos horas, vemos la acción mejor filmada que yo haya visto en mucho tiempo. Un espectáculo que no cesa. Ya la primera escena, antes de los titulos de crédito con la famosa cerilla te deja con la boca abierta.
Abrams, como bien sabe hacer en sus series, juega con el espectador, sigue un orden no lineal y se preocupa de sus personajes. Vale, puede que los secundarios no estén muy trabajados, pero desde luego el personaje de Ethan Hunt (Tom Cruise) y del villano Owen Davian (Philip Seymour Hoffman) llenan el metraje a cada segundo.
Lo de Philip Seymour Hoffman es brutal. Pese a que su personaje no sale demasiado en la película, consigue dotar a este villano de una maldad y una crudeza que ya querrían para sí todos esos malvados de segunda de los filmes de Bond. Una elección perfecta.
Esta M:I:III a pesar de ser una cinta de acción sin freno, es también una historia de amor. Gustará más o menos, pero lo que mueve a Ethan Hunt es el amor. A diferencia de las anteriores (la segunda sobre todo), donde Hunt es invulnerable, un superhéroe perfecto impasible ante la adversidad, aquí el personaje es más vulnerable que nunca, sufre más que nunca y se mueve por los sentimientos más que nunca.
Un agente secreto es, pòr naturaleza, un ser solitario, sin compromisos que debe jugarse la vida cada día. tener una relación seria no parece fácil. Y no lo es, pero Ethan Hunt no quiere renunciar a Julia (Michelle Monaghan). Aspira a vivir una vida tranquila como instructor de agentes, hasta que el secuestro de su mejor discípula le obliga a pasar al juego, al campo de batalla, y cómo.
No me extenderé más, sólo quiero remarcar dos secuencias brillantes: el tiroteo del puente y el robo de la pata de conejo en Shanghai. No digo más, por si el lector no la ha visto. Y merece la pena verse.
Muchos dicen que es un simple hit veraniego. Yo creo que es algo más. La demostración de que con talento visual y un guión de lujo (con sus cositas, pero perdonables), cualquier género puede ser redescubierto y que en la acción no todo está visto. Un peliculón como la copa de un pino.
Nota:9

